martes, 24 de septiembre de 2013

Remberto Lamadrid : El último bohemio



Les regalo este trabajo de Maikel Rodríguez, especialista del Consejo Provincial de las Artes Plásticas de Sancti Spíritus. Ya era hora de escribir sobre Remberto Lamadrid.

 Remberto Lamadrid : El último bohemio


Lamadrid ha preferido trocar los falsos relumbres de la gloria por el trabajo de promoción cultural, descubriendo y potenciando la pintura popular espirituana.

De ojos transparentes y nariz mitológica, suelo compararlo con aquellos pintores de domingo que abandonaban el bucólico Montmartre para retratar su musa de turno a orillas del Sena. Lo recuerdo deambulando por el grisáceo corredor del antiguo convento de Los Mercedarios, en los altos del boquete del Coco, donde radicó el primer Taller de Artes Plásticas que tuvo Sancti Spíritus.

Allí, amén de compartir oficio y pitanza con El Monje, solía inclinarse sobre el hombro de los estudiantes para corregir el trazo impreciso con alguna recomendación oportuna, o ajustaba el sempiterno bodegón frente a las mesas de dibujo para que la luz hiriera cuerpos y espacio, desplegando un complicado juego de sombras que solo los discípulos más osados intentaban llevar a la cartulina.

Remberto Lamadrid es viejo y sabio como la esfinge tebana. Maestro de generaciones, graduado de la Escuela Nacional de Instructores de Arte en 1965, investigador y pintor naif, los espirituanos aún tenemos la dicha de verlo recorrer las calles donde tantas veces ha imaginado sus girasoles al óleo, o aquellos hongos imposibles, hijos del calor y el aguarrás, que bajo el fiero tabardillo irradian esporas de color al impoluto cuerpo del lienzo.

Rendirle tributo en poco menos de dos cuartillas es casi imposible. ¿Cómo agradecer su constante labor educativa, sus desvelos frente al estoico caballete, la sencillez con que acogió a tantos artífices yayaberos, consagrados hoy, y abrió para ellos las puertas de la belleza? ¿Cómo estrechar desde la tinta y el papel sus manos de árbol añejo, de viajero incansable por los dominios del sueño? ¿Cómo asir su quijotesca figura, si parece brotar de un tiempo donde vida y pintura eran la misma cosa, y pasa a nuestro lado como un fantasma taciturno, llevando consigo los secretos, anhelos o desdichas de aquellos grandes incomprendidos que se embriagaron de ajenjo y libertad en las calles parisinas a principios del siglo pasado?

Ajeno a las confusas dinámicas del mercado de arte, huérfano de grandes exposiciones o catálogos lujosos, Lamadrid ha preferido trocar los falsos relumbres de la gloria por el trabajo de promoción cultural, descubriendo y potenciando la pintura popular espirituana, dando voz a esa plástica muchas veces anónima, casi siempre sincera, que nace del alma y nos llega libre de las imposturas técnicas y conceptuales que impone la academia.

El Lama, como le decimos con cariño y respeto, solo detiene su paso ante un cigarro y una buena taza de café, que degusta con parsimonia, como si en ello le fuera el aliento. Para suerte nuestra, verlo sigue siendo una fiesta innombrable, y abrazarlo, un feliz encuentro con la indeleble pátina de todo lo bueno y lo antiguo que puede albergar nuestra ciudad.

Es él, sin lugar a dudas, nuestro último bohemio: único ejemplar que aún conservamos de esa legendaria raza, casi extinta en la actualidad, capaz de transformar óleos y telas en un deslumbrante mapa del corazón humano.

Maikel José Rodríguez Calviño.

lunes, 23 de septiembre de 2013

La fe



Por levantar la piedra que aplasta nuestro sueño, descubrimos la humedad lacerante.
2 Por sumar un gramo de sapiencia, queremos ser un todo, una mágica y enorme porción del todo en uno.
3 Esa es la confianza en el orden: Aprenderás, elevarás tu espíritu y serás bendecido.
4 Pero la pobreza del alma es otro deber, otra alocución que sabemos hace mucho.
5 Y la humedad sigue al desconsuelo. La ferviente mirada bajo la piedra nos reprende al musitar: ¿Cómo pudo ser posible? ¿Cuántos siglos tendremos que esperar para disolvernos?
6 Si ayer sosteníamos con fuerza el azadón, ahora nos lastima.
7 Por fe fuimos llamados a buscar.
8 Por fe nos salimos del cascajo y llegamos a la piedra viva.
9 Así, sostenida la humildad y la complacencia, vemos trepidar los días y las noches, envueltos en la mísera casaca.
10 No somos el hijo de Jacob, no somos la zarza que arde en la montaña.
11 Cuando sabemos que algo nos faltó, viene la rueda del molino oprimiendo nuestros cantos,
12 nuestra esperanza de una plaza cerca del podio, donde alguien declara que todo está creado y el mundo se doblega a nuestros pies.
13 Pero no hay llamamientos, se calló el vocero del rey y la plaza está vacía.
14 Hasta cuándo viñedo mío, hasta cuándo estaremos a la deriva, buscando una nube que nos cubra y la lluvia de otoño que nos dé la paz prometida para vendimiar con gracia.
15 Hasta cuándo hundiremos el azadón en la garganta del valle sin encontrar la tierra prometida.
16 Si fuimos dotados de la imparcialidad del alarido, ahora, por fe, debemos permanecer callados; esperando que otra piedra se levante.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Enemas culturales en la ciudad




Cafetería El parque.
En la ciudad se ha despertado el interés de la población por un nuevo servicio que oferta el establecimiento gastronómico Cafetería El Parque. Desde hace una semana existe la posibilidad para los clientes de hacerse un enema de café mezclado por el módico precio de 2 pesos en Moneda Nacional. Existen varias ofertas, entre ellas Café Expreso, Café Cortadito y Café Capuchino.

Es una opción más para los amantes del café en cualquier hora del día y de la noche, pues este servicio tiene un horario que cubre hasta la madrugada.

Moisés Suárez, administrador del centro, declara que a pesar del poco público en los primeros días, la afluencia de clientes ha ido en aumento. « Tenemos la esperanza –nos dice- de ofertar en un futuro este servicio con zumo de  plátano, naranja y mandarina, lo que convertirá el lugar sitio de referencia para aquellos que deseen degustar el buen café cubano mezclado con frutos tropicales; además, está en estudio la posibilidad de incluir en la carta enemas de Café Cubita, solo que el precio de esta opción será en Moneda Convertible, aunque se procurará que sea bien económico».
Moisés Suárez, administrador del centro.

«Otra idea que ha dado frutos –continúa Moisés- son las tardes de café literario, en sendas actividades culturales con música, poesía y enemas; opción de mucho interés para los intelectuales y la población en general».

Cristina, la enfermera-gastronómica, confiesa sentirse a gusto en el local. «Toda mi vida -comenta Cristina- trabajé en el Hospital Provincial, y ahora, laborando como expendedora de este servicio en un lugar tan hermoso, me ha traído felicidad; además, aquí puedo conocer gente interesante, escritores y artistas que junto al público general, pueden mostrar su talento musical, pictórico y literario mientras disfrutan de un cálido enema, elaborado con puro café mezclado y diluido en agua previamente hervida; muchos han venido a degustar la nueva oferta, principalmente músicos de la llamada Nueva Trova, actores y algunos escritores de la localidad, los cuales aprovechan el momento para interactuar con los presentes».
La enfermera Cristina.

Tomás Valdés, un trovador reconocido de la ciudad, nos dice que esta oferta es encantadora. «Me gusta ver -asegura- cómo las personas escuchan mis canciones mientras sucede el enema; es una experiencia única cantar con la sensación de limpieza interior. Espero que en algún momento comiencen las lavativas de frutas tropicales, aunque para decir verdad, una de café puro es la perfección».

Marianela Carmenate.
Por ahora el público procede con cautela; algunos todavía no se deciden a probar este nuevo sistema de degustación de la cafeína, pero según la administración, la esperanza de un local colmado, es lo último que se pierde. «Invito a todos los ciudadanos a pasar un momento de increíble calma y espontaneidad –dice Marianela Carmenate, jovencita asidua al centro gastronómico- aquí podrán sentirse como en familia, escuchar buena música y buena literatura, mientras sientes el rico café mezclado limpiando tu cuerpo».

lunes, 9 de septiembre de 2013

Profesión



Temprano en la mañana el sonido del tren despierta a la ciudad. Primero es el silbido desde los arrabales, avisando a la estación su próxima llegada; después sucede un ruido sordo, como un ejército de tanques de guerra que se acerca.
Yo estoy  levantado. Me gusta ver como la calle, desierta en la mañana, va saliendo del letargo. Comienza el día con los vendedores, los policías, y el sol como una pelota de fútbol subiendo por el horizonte rojo y amenazante, anunciando como el tren, su llegada a la ciudad.
Siempre he tenido poca disposición para el trabajo, aunque mis manos duras y los dedos ásperos muestren lo contrario. Los días se van sin mucho esfuerzo físico, mirando como se despierta la ciudad,  viendo a las mujeres presumidas caminar bajo el sol y resolverle sus problemas.
Mis padres quisieron que estudiara medicina, pero soy alérgico a la sangre; cuando veo un charco rojo mis nervios se alteran y cierro los ojos para no imaginarme que me están desangrando en medio de la plaza mayor.
Terminé mi adolescencia sin estudiar. Cuando mi madre me ofendía diciéndome que era un vago, con lágrimas en los ojos, yo bajaba la vista y pensaba que algún día algo bueno pasaría con mi vida.
Mi padre fue un prisionero de las tropas de la UNITA; estuvo varios meses entre la vida y la muerte, hasta que en una batalla lograron rescatarlo y lo enviaron a Cuba como un héroe. Así vivimos de la fama por mucho tiempo. Una noche se marchó a La Habana para resolver problemas de trabajo, dijo él. Nunca regresó. Ese día el silbato del tren me dijo que algo no andaba bien. Mi padre se despidió con soltura, me puso entre las manos quinientos pesos y me pidió que cuidara a mi madre. Cuando el tren se perdió entre los arbustos, miré hacia atrás y ella estaba en medio de la línea, sola y cabizbaja.
Regresamos a casa a esperar los acontecimientos. Fue en ese instante cuando comencé a esperar el sonido del tren. Pero un día nos enteramos que mi padre se había marchado ilegal para los Estados Unidos.
Mi madre y yo nos miramos con perplejidad. Ella entró en el cuarto y encendió la radio; así estuvo muchos días, sintonizando estaciones extrañas, buscando noticias en otros idiomas sin entender nada de lo que hablaban. Ya no éramos héroes. En mi escuela los profesores me observaban con severidad, y mi vieja tuvo que trabajar duro en un restaurante para poder alimentarnos.
A veces, cuando el silbido entra a mi cuarto, me parece que viene de un tren inmenso que se pasea por las líneas de Estados Unidos, cargado de negros y putas, con mi padre entre ellos tratando de buscar pelea en cualquier momento.
Lo esperamos muchos años. Yo dejé la escuela y comencé a trabajar de ayudante de mecánico en un taller muy lejos de la casa.
Cuando la vieja murió, sola y con dureza en el rostro, volví a escuchar el maldito silbido. Casi amanecía y un silencio demasiado convincente inundaba la casa; pero nadie puede creerme que cuando el tren avisó su llegada, yo supe que algo estaba pasando. Pocos fueron al funeral. Mis tíos de Santa Clara me acariciaron, prometiendo que me ayudarían a seguir luchando. Nunca más los vi.
Ahora vendo dinero en la misma puerta de la estación de trenes. Muchas veces tengo que esconderme, pues me han hecho varias advertencias, amenazándome con enviarme a prisión si no me integro a un centro de trabajo.
Otros vendedores me dicen que hay lugares menos peligrosos en la ciudad, pues la estación siempre está plagada de policías y chivatos; pero yo no cedo mi espacio; aquí tengo algunos dineros para subsistir, me divierto al ver la gente que va y viene cargada con equipajes extraños, y tengo el maldito tren. Doy veinticinco silbidos por uno distinto, que me traiga buenas nuevas, porque cada vez que la locomotora se anuncia en la lejanía, me reviso los bolsillos, me palpo el cuerpo con mis duras manos para ver si estoy sangrando, y miro asustado a mi alrededor, porque sé que nada bueno me sucederá.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Desaparecen tres escritores en la villa



Justo el día de un gran recital de poesía en la ciudad, tres poetas han desaparecido sin dejar rastro. Ha sido un hecho insólito en la historia local.
Muchos colmaron la sala del teatro hasta bien tarde en la noche, esperando la aparición de los tres literatos en la velada cultural del pueblo,  pero fue en vano. Después de dos días ha sonado la alarma entre los ciudadanos.
 Genaro Rodríguez:
La ciudad no se resigna a perderlos.

El señor Genaro Rodríguez, director de Cultura, conversó con los desaparecidos justo en la preparación del evento artístico, horas antes de la desaparición; recuerda que Poeta 3 bebía unos tragos en los portales de la casa de Poeta 2, mientras Poeta 1 preparaba un extraño bolso de viaje cargado  de libros viejos para regalar en el recital. Poeta 3 reía a carcajadas y obviaba los insultos de su novia, también ebria, y la esposa de Poeta 2 llamaba al orden.
«Nunca ha sucedido algo así,  nuestra ciudad no se resigna a perder a nuestros talentos», comentó Genaro.

Felicita, la esposa de Poeta 2, dice que ellos estaban preparando algo raro. «Recuerdo –nos dice-  que minutos antes de desaparecer, Poeta 1 y Poeta 3 le dijeron a mi esposo que me diera un gran beso, y así lo hizo, solo que no entendí en ese momento de qué iba todo. Simplemente cerraron la  puerta del cuarto de estudio de mi esposo y luego vino un silencio. Pasaron las horas y todos creíamos que estarían allí, hablando de literatura o bebiendo, pero la preocupación aumentó al ver que llegaba el momento de comenzar el recital; entonces llamamos a la puerta y nadie contestó. Pasada esa noche, entre el ir y venir de vecinos, amigos intelectuales y familiares, decidimos echar la puerta abajo ya al amanecer,  y cuán grande fue la sorpresa al ver la habitación vacía.

Felicita, esposa de Poeta 2, espera preocupada.
Felicita nos muestra el salón de estudio de Poeta 2. «Yo no acabo de entender, –comenta- estoy consternada, pues mi marido nunca ha sido un hombre problemático, no en este sentido de perderse con amigos. Su única afición era escuchar hasta bien tarde los Nocturnos de Chopin y hablar mal, a escondidas, de Poeta 1 y Poeta 3. Aunque desde hace un tiempo la relación de ellos se hizo más estrecha, él siempre decía que estos dos jóvenes eran miserias literarias, con poco conocimiento e ínfimo talento para escribir».

Martica, la novia de Poeta 3 dice que no sabe nada, solo sospecha que este tiene una relación amorosa con una mujer alcohólica de la ciudad de Trinidad, pero no sabe por qué Poeta 1 y Poeta 2 también han desaparecido, pues ella está convencida que ninguno de los dos hubiese admitido el desliz de su novio. También confiesa que la amistad de estos tres escritores nunca fue tan grande como piensan: «Recuerdo las noches de desvelo en mi cuarto –dice - cuando Poeta 3 escribía largos tratados en contra de Poeta 1 y Poeta 2; decía que eran malísimos escritores, y además, poco confiables como personas. Yo no le hice mucho caso, pues a pesar de sus escritos y sus encontronazos, siempre se les veía juntos. Solo han dejado una foto confusa y extraña. Se llevaron todos los poemas y cartas, incluso aquellas que me enviaba Poeta 3 cuando éramos solo amigos».


Martica, novia de Poeta 3
Concha, trabajadora de la Casa de la Cultura, dice que ha tenido por años una excelente relación con los tres escritores, sobre todo con Poeta 2, que siempre ha sido su buen amigo y consejero.
«Es un hombre -opina Concha-  amable, culto e integrado;  me da los buenos días y da gracias por cualquier atención, cosa rara hoy. Poeta 3 es más simpático y le gusta el trago, habla más alto y fuma demasiado. Poeta 1 es callado y también fuma, está integrado a las organizaciones de masa y se rasca los genitales en público, cosa que le ha costado severas reprimendas de Poeta 2, pero es también un buen muchacho».
«El único momento difícil que yo recuerde, -dice Concha- fue aquella gran discusión, en un taller literario, donde salió a flote una carta que Poeta 1 envió a distintas editoriales del país, en la que decía que Poeta 2 era un farsante, que sus clases de literatura eran un fracaso y que su obra no merecía ser publicada; además, que esa sórdida relación con un alcohólico como era Poeta 3, traería mala reputación a la Casa de la Cultura.

Para algunas cosas los tres eran inútiles, claro, para esas cosas prácticas de la vida como ordenar las sillas de la Casa de la Cultura, reparar la instalación eléctrica del edificio o hacer la cola en la tienda cuando viene la cuota, pero en general eran excelentes ciudadanos. No sabemos qué ha pasado; les preparamos a los tres un tremendo recital de sus poemas, y habíamos conseguido varias botellas de ron, a pedido de Poeta 3. Todo estaba listo, vino muchísimo público a verlos, pero mire usted qué raro, algo extraño tiene que haber sucedido».
Concha:
Eran excelentes compañeros, los extrañamos mucho.

El parque central es el sitio de encuentros; una veintena de personas esperan las noticias de los desaparecidos.
Poeta 1 y Poeta 3 eran conocidos en los espacios públicos del pueblo. Poeta 1 pensó siempre en ser líder de una banda de Jazz; estudió idioma Polaco en la Facultad de Lenguas Extranjeras en La Habana, fue miembro en la capital de varios proyectos de creación poética, actividad que se vio premiada con la publicación del poemario El Retorno del Séptimo. Hace una década regresó a la villa, lugar donde ha escrito varios cuadernos y ha impartido charlas de Poesía Polaca Contemporánea en la Casa de la Cultura.
Poeta 3 estudió percusión en la escuela elemental de música. Conformó, junto a Poeta 1, una pequeña banda de Jazz con la cual daba sendos conciertos en varios lugares públicos, incluida la casa de la Cultura. En los últimos años su dependencia del alcohol se hizo evidente; esto trajo la disolución de la banda, aunque la amistad con Poeta 1 no sufrió trauma. Era común verlos, junto a Martica, todas las tardes sentados en el pequeño malecón, a la vera del río, hablando de literatura y tomando aguardiente Santero. Publicó los libros Látigos de la Noche y Confesiones en Rondó.

Poeta 2 nació en Encrucijada y deshizo muchos caminos para llegar a nuestra ciudad y ser el profesor de muchos escritores jóvenes, incluidos los Poetas 1 y Poeta 2, por los cuales llego a tener sincera devoción, aunque sabemos que la relación entre ellos tuvo sus altas y bajas.
Fue sacerdote Católico Liberal en Zulueta, provincia de Villa Clara. Después de obtener por correspondencia un título de Maestro de Literatura Esotérica, expedido por la Hermandad del Loto, en Maryland, Estados Unidos, se dedicó a enseñar Poesía Comparada, obteniendo una  plaza de asesor de Literatura en la Casa de la Cultura de la ciudad. Publicó ensayos literarios en diversas revistas especializadas del país y el poemario Cadenas Cartesianas.

El mundo intelectual de la ciudad está en vigilia. Nadie sabe con certeza qué ocurrió en el salón de estudio de la casa de Poeta 2. No hay señales para poder seguir un cauce. Definitivamente una salida literaria deberá ser el final, pero es pura especulación, pues podría suceder cualquier cosa en este mundo, y nosotros, simples mortales, no alcanzamos a ver ni un ápice de la realidad.

Única foto encontrada de los poetas desaparecidos.

Tenemos miedo. Nacemos con el ancestral miedo a la muerte, a la noche, a la separación; y no entendemos todavía cuando el reloj suena a deshora o cuando unos escritores pierden el camino de regreso.

jueves, 29 de agosto de 2013

Una foto de Samuel Reina



Sucedió en la ciudad de Sancti Spíritus en el Brutal Fest hace apenas una semana. El amigo fotógrafo Samuel Reina hurgó en el paisaje encontrando el momento perfecto del concierto. Allá lejos, los freaks dándolo todo; cercanos,  los gendarmes asombrados de vivir una noche diferente.
En cada rincón hay una estética, pero sin el oficio del creador a veces resulta difícil descubrir los resquicios olvidados o diferentemente vistos. Ya Miguel Ángel planteaba, en el renacimiento, que la escultura se hallaba dormida dentro del mármol, que él era el instrumento para sacar a la luz las formas perfectas que se encontraban dormidas en la piedra.
Aquí está el goce de la obra fotográfica: Una revalorización de lo vivido.

lunes, 26 de agosto de 2013

Marilú

Quiere ser feliz.  La playa está colmada de bañistas, el sol calienta. Marilú descansa sobre una tumbona ornamentada con los atributos clásicos de una muchacha con porte para improvisar una canción. Un velero impulsado por el viento deja oír los gritos de alegría en un baile tropical. 

Es pasado el mediodía cuando la multitud desea un tiempo de relax a la sombra de un cocotero, para beber y acentuar el paisaje surreal.

Se acerca el hombre con la piel impregnada en aceites; tres niños juegan a hacer un castillo de arena. Marilú se voltea para repeler el golpe, pero es tarde. El cuchillo pasa veloz por su cara, dejando una marca profunda y sanguinolenta; el agresor le grita Puta.

Los niños corren al ver la sangre y el castillo de arena se llena de bolitas rojas. El hombre se pierde entre la multitud. Una señora de edad, en trusa verde, ha visto lo acontecido y se acerca a socorrer a la chica.

Marilú al caer al suelo, sabe que muchas veces las historias contadas son distintas a las cantadas, que la suerte no siempre es traída y llevada de mano en mano por los bailadores o por la radio que eternamente canta Marilú.
Quiere darle otro sentido a la vida disoluta que ha llevado, lejos de la playa y de las divinas horas frente a un sol isleño, impregnado en licores exuberantes cuyo espíritu pronuncia los deseos. Abre los ojos.

No espera nada, ya pasó su hora. La playa en invierno es más tranquila. Un débil pero constante sol, crea una sombra tibia con el árbol donde Marilú descansa casi desnuda, con la piel de gallina por las ráfagas de frío.
A las nueve de la mañanalos bañistas no se deciden a nadar, prefieren beber y acentuar el paisaje surreal.

Tres gaviotas destruyen un castillo de arena que envejece por las olas; a lo lejos un velero pasa silencioso. El hombre, con la piel aceitada y lista para el sol, corre hasta ella para socorrerla al ver que una señora de edad, con trusa roja, le ha vaciado en pleno rostro un caldero hirviente mientras le grita Perra.

Se deja caer sobre la arena; sabe que las historias cantadas son distintas a las historias soñadas, y la suerte no tiene nombre, ni dueño, ni mucho menos tiene el poder de manifestarse en la radio que eternamente canta Marilú.

Tiene que darle un destino lógico a su vida; sabe que la vida no depende de su cuerpo esbelto ni de las horas frente a un pedestal equivocado, pletórico de opciones exuberantes y deseos con olor a la impiedad. Abre los ojos.

Siempre ha amado sentarse frente a las olas en la noche. La luna recorta la silueta de una barcaza, de donde llegan a intervalos las voces de sus tripulantes con el ajetreo que conlleva la pesca nocturna. 

Por sus pies, cuando las olas los abrazan, sube un escalofrío que le llega hasta el cuello, erizándole todo el cuerpo gordo que descansa recostado sobre un castillo de arena endurecido por bolitas duras y rojizas. Una señora de edad, con la piel embadurnada de aceites y acostada en la tumbona, trata de llamar la atención del hombre de trusa amarilla que no ha visto como tres jovencitos borrachos patean a Marilú con furia mientras le gritan Fea.
Entre las olas, sacudiéndose los sargazos y la sangre, ve como los jóvenes desaparecen en la noche, mientras el hombre de la trusa amarilla la levanta. Sabe que la vida puede ser un sueño, que a veces las canciones, cantadas o pensadas, se asemejan a esa libertad que también nos inventamos para creernos que no tenemos nombre ni dueño. Sabe que no tiene remedio, que todo lo que ansía en cualquier momento se destruye como se ha destruido su moral frente al océano frío y oscuro. Ni su cuerpo ni los deseos de vivir, ni ese barco que pasa frente a ella, le podrán dislocar su camino. Abre los ojos.

Nunca le ha gustado el mar; le complace mirarlo en sus ratos de ocio desde lejos, ver como los barcos se desplazan bajo el sonido impreciso de sus tripulantes.

Trata de construir un castillo de arena cerca de las olas. Desea que su sangre algún día se mezcle con esos cantos desde la periferia del mundo, donde no importa que le digan fea, perra o puta. Quisiera llamarse Marilú y estar en la cima del mundo con un hombre de piel aceitada, junto a niños y ancianas que la quieran; pero sabe que a veces los sueños son distintos a la vida y que una canción no trae por herencia ni un átomo de felicidad. 

Está sola en la noche de una playa fría. A lo lejos asoma un barco que pretende ser inmenso. Se palpa el rostro con dulzura y camina despacio alejándose del agua, con la certeza de que sin proponérselo, ha aprendido una lección.

lunes, 19 de agosto de 2013

El rey del librero

No existe mundo más cerrado que la biblioteca personal de un intelectual cubano. Entrar al panteón, por casualidad o por buena fe del anfitrión,  es como conquistar un reino a golpe de espada.

Hasta hace muy poco tiempo el precio de los libros en Cuba fue generoso; hoy, a pesar del aumento, comprar un ejemplar sigue siendo relativamente accesible a los bolsillos rellenos con moneda nacional; pero si recordamos la avalancha literaria de los años 70, con las Ediciones Huracán, tendremos la certeza de que nunca antes, ni después, el librero de un lector rabioso estuvo tan bien servido. Fue una aventura editorial, donde el objetivo principal fue presentar, en banda ancha, lo mejor de la literatura universal, aunque las hojas volaran por los aires en la segunda lectura. Las Ediciones Huracán, utilizando las máquinas de lo que otrora fue la imprenta de Selecciones de Reader Digest, cubrieron una época de carencias y vicisitudes con la  característica de dejar la habitación llena de hojas sueltas, casi siempre leídas. 

Pero nada es perfecto en este mundo, y el orgullo de los coleccionistas nunca ha sido un humilde ejemplar de apellido Huracán, pues de huracanes estamos hasta el cuello, aunque guardemos con celo aquellos títulos  cardinales y queridos. Siempre existe un espacio en el librero mucho más íntimo, secreto e inalcanzable por la plebe: aquellos ejemplares únicos, traídos de lejanas tierras, satanizados casi siempre.

Recuerdo petulancias y frenesí  de muchos lectores por poseer Los Versos Satánicos, Doctor Shivago o El Diario de Anais Nin; llegar a casa de un escritor y ver esos ejemplares durmiendo cómodamente en el librero, traía como consecuencia una noche de insomnio tras la negativa del dueño a prestar, al menos por un día, aquellas joyas; entonces comenzaba la estampida, pidiendo al amigo de Madrid, Miami o Estambul un libro, un librito pequeño para aplacar la sed.

Ese espacio VIP en los estantes ha tenido un rey por décadas; poseer sus obras completas lanza a su dueño al escalón social más alto en la selva literaria. Me refiero al inmenso Milan Kundera.

Confieso que he  tenido casi todas sus novelas, agrupadas en el espacio de lujo en mi pequeña biblioteca, casi siempre con sus cubiertas camuflajeadas, cubriendo así sus lomos de algún cazador furtivo; pero ha sido en vano; perdí La Inmortalidad cuando una loca de La Habana me prometió leerla en una semana y devolverla totalmente restaurada; La Insoportable Levedad del Ser sufrió lo inconcebible, pues otro manos largas optó por llevársela en su maleta de emigrante. Así fui perdiendo los mejores y más queridos ejemplares de mi colección. Solo me queda El libro de la Risa y el Olvido, novela escrita en el  año 1978 y la última que he leído; ha sido la más difícil de conseguir en el angosto camino de la literatura Underground. Tendré que seguir la regla de un amigo: No se prestan los libros de Milan Kundera.
Este cantor de la Primavera de Praga, luego de sufrir censuras y refugiado en París después de obtener en 1968 el Premio de la Unión de Escritores Checoslovacos por su novela La Broma, ha marcado un tono bien alto en las letras; desde su rincón oscuro, con su estilo diáfano, ameno y a la vez punzante, nos ha dado un arte de altísimos quilates, culto y ontológico, sin perder la posibilidad del disfrute terrenal; prosa que va desde lo apolíneo a lo dionisíaco, de la ficción al ensayo en igual tono. 

Un clásico contemporáneo aparece cuando el tiempo no alcanza, la velocidad de la vida crece y a pesar de todo, continuamos leyendo. No podríamos, en una estación de ómnibus o viajando en la P4 de Ciudad de La Habana, leer La Montaña Mágica o Ulises, esos dos monumentos literarios, pero sí al escritor Checo que nos ayuda a no perder la concentración con salidas fortuitas o reiteraciones necesarias, allí donde hace falta reiterar. Leí El Libro de los Amores Ridículos en mi último viaje en tren de La Habana a Sancti Spíritus, solamente así podría soportar esa máquina de acero.

Su principal temática, velada por los miles de callejones que enriquecen la obra, es la emigración; el destierro visto con los ojos de la tristeza y la soledad, el ser inadaptado pero capaz, que se sostiene a duras penas en un mundo prestado; allí está la intríngulis de su obra: la disertación filosófica y huraña, sobre la capacidad del expatriado de entender su entorno y ser reconocido. Si su estilo ha sido clave para su triunfo, los dedos en la llaga contemporánea, con una temática capaz de ser retrato de generaciones, también ha propiciado que sea leído en casi todos los idiomas conocidos y en los cinco continentes.

Faltan muchos años para que el autor de La Vida está en otra Parte sea publicado en Cuba. Podríamos esperar que algún personaje en apuros, en una película cubana, lo mencione con vehemencia, como sucedió con John Donne afortunadamente, un escritor  poco conocido y el cual todos citaron después del filme, hasta que perdió su espacio en la zona de lujo de los estantes personales cuando salió de la imprenta nacional una antología de sus versos. 

Ahora que se han movido los hilos para la cercana publicación de la poesía de Heberto Padilla, quizás arranque la maquinaria y vean la luz sus novelas, junto a otros imprescindibles como Boris Pasternak, Severo Sarduy o Guillermo Cabrera Infante; la lista sería infinita.

Fuerte candidato para el premio Nobel de Literatura, Milan Kundera está ahí, de mano en mano y escondido en el librero, esperando entre libros esotéricos y otros autores también perdidos. Está en la zona más importante del estante, sentado en el trono, con la suerte de ser posiblemente el escritor contemporáneo extranjero más leído y estudiado en Cuba, siempre por debajo de la mesa.

lunes, 12 de agosto de 2013

El señor González

Esta mañana su despertar ha sido seductor; al abrir los ojos la mano cariñosa de su esposa exploró más allá del punto neutro buscando prolongaciones, colmando la escena con un beso fantástico y sólido.

Fue el término de una semana intensa; su labor como Fiscal General del distrito alcanzó gran connotación en la radio y la prensa. Después de mucho bregar, logró la pena capital para el más despiadado asesino de la comarca.

Luego de un tierno desayuno donde manoseó las curvas de su esposa, todavía relajadas por el sueño, sale de la casa el señor González. Da los buenos días al vecino y se marcha a su oficina.

Tiene la mente llena de conceptos; ha hecho demasiadas declaraciones en la semana y las palabras se le quedan rodando como ráfagas.
El cansancio no le ha quitado cierto goce interior; aunque la modestia ha sido siempre su divisa, siente la admiración de todos, sabe que cuando llega a la corte todos los ojos lo siguen, dejando atrás una cadena de murmullos favorables que lo convierten en un hombre de éxito.

El día en su oficina transcurre en paz. Su alegato pacifista y severo contra el crimen ha tenido gran resonancia. Hoy su labor será la revisión del documento para ser publicado. El único toque amargo es la nueva ola de crímenes como respuesta del hampa a la segura ejecución del reo.

Gracias por su llamada señor González, no se preocupe, todo tendrá solución, ya las fuerzas del orden están tomando posiciones en la zona del puerto. Nuestro órgano policial se dedicará exclusivamente a este problema, después, cuando venga la calma, solo quedarán asuntos del tránsito. Gracias una vez más por llamar señor González, lo invitamos esta noche a usted y a su esposa, a la cena de clausura del congreso de inversiones foráneas. El alcalde estará junto a nosotros, y pensamos que una pequeña intervención suya sería genial. Gracias señor delegado, me disculpo pero hoy no podré asistir, es que estoy algo extenuado por la avalancha de sucesos en la semana, necesito reflexionar un poco y ocuparme de mi familia. No importa señor mío, le contesta el delegado de la policía, de todas formas pensaremos en usted, tómese su tiempo. Eso espero, además quiero reescribir el acta de sentencia de mi último juicio para que se guarde en la memoria histórica del tribunal. Eso está bien señor, si puede envíeme una copia por Fax, es conveniente que la policía local archive su intervención. Así será, querido amigo, responde y cuelga.

Han pasado las horas. Por la ventana de su oficina observa el ir y venir de la gente. Su hijo lo ha llamado. Después de aquella discusión hace más de tres años, no se han vuelto a encontrar; hoy recibe su voz con alegría. Parece que todo va cambiando, piensa ya de noche, cuando el auto va entrando a su casa.

¿Cómo ha sido tu día mi tesoro? Le susurra su esposa más bella que nunca. Todo bien mi amor, todo demasiado bien. Ella lo toma de la mano y lo lleva a la alcoba, subiendo las escaleras que a él le parecen excesivamente largas debido al cansancio. Estás estresado vida mía, le vuelve a susurrar; acuéstate, yo me tiraré a tu lado en un instante. Él quiso decirle que su hijo lo había llamado, pero ella no lo dejó terminar la idea. Allí en la cama blanda y tibia sintió la mayor relajación de su vida. Pensó en la felicidad. Hizo un rápido plan para salir de vacaciones a sitios impensables y paradisíacos.

Mientras su esposa lo acaricia, recuerda al asesino que pronto caminará a la silla eléctrica. Siente pena por el tipo, pero sabe que hizo su trabajo. Intenta dormirse; su esposa ha bajado al primer piso y sus músculos están flácidos y dispuestos a volar.
Cierra los ojos y se duerme, pero en ese instante, contrario a lo que pensaba, abre los ojos hinchados. Nunca es bueno dormir en una cama de piedra aunque sea el último día de la vida. Se palpa su barba hirsuta, escupe en el urinario que le han puesto en la esquina de la celda, y reconoce la voz del celador: Oye González, hijo de puta, levántate ya cabrón, no duermas tanto, recuerda que en par de días te vienen a buscar para achicharrarte en la silla que prepararon para ti.

jueves, 8 de agosto de 2013

Réquiem por la Escuela


El Cuartel de Dragones cerró sus puertas a las últimas tendencias del arte y la cultura.
Por varias décadas, la escuela de Artes Plásticas Oscar Fernández Morera, en la ciudad de Trinidad, sirvió de trinchera conceptual a la vanguardia artística; pero partir de septiembre, dicho edificio cambiará de rumbo. En sus aulas, dueñas de colores y experimentos estéticos, habrá un vacío.
Nació como Escuela Elemental, en el año 1976, y en 1989 se convierte en la Academia Profesional Oscar Fernández Morera. El plantel trajo a la provincia un aire fresco para el arte que se realizaba en estos predios. Una pléyade de profesores-artistas egresados de diferentes niveles de enseñanza en el país, se empeñaron en hacer del centro un lugar de confrontación. El resultado no se hizo esperar: la escuela de Trinidad fue, en su momento, el mejor centro docente del país.

Por él viejo Cuartel vimos pasar a lo mejor del arte nacional; vimos proyectos artísticos de insospechados puntos del orbe, disfrutamos de los Salones de Graduados y las Bienales de Artes Plásticas en la ciudad, siendo la institución docente importante rectora; de manera que el nivel de información creció, y la visión de un arte contemporáneo se amplió, incluso para aquellos que nunca comulgaron con el centro de enseñanza.
Basta decir que en la década de los años 90, en sus aulas se formaron algunos de los mejores y más
destacados artistas de la nación.
De nada sirvió la historia pletórica de encuentros fortuitos. Para nada valió el empeño, hace relativamente pocos años, de restaurar y ambientar sus muros con obras de artistas de alcance nacional. Nada es eterno, a pesar de algunas sugerencias y opiniones de intelectuales, difundidas por los medios de comunicación. Podríamos preguntarnos el por qué,  pues las preguntas muchas veces resuenan bien dentro del alma, y la respuesta, a lo Bob Dylan, a veces está en el viento.
Sabemos que un local para la enseñanza regular, es posible encontrarlo en cualquier ciudad. No era necesario sacrificar en pan cotidiano y único, teniendo la posibilidad del horno a pocos metros, pero a veces el pan no interesa tanto, solo un horno nuevo que no soporta tanto calor ni tantos panes.
Pensemos en las obras colgadas en sus asustados muros, los ecos del martillo, el olor a aceites y las eternas chácharas sobre las últimas tendencias del arte.
Pero siempre falla, hablando en términos de pintura, la relación figura fondo; y en poco tiempo nadie hablará de la Escuela de Artes Plásticas de Trinidad, y los profesores tendrán que armar sus bolsos de viaje y emprender el camino de regreso.
Con el reordenamiento de la enseñanza artística que se produce en el país, la provincia espirituana pierde su única escuela de alto nivel técnico; es un error que se pagará con los años.
La calle empedrada que recibe al visitante, será hollada por estudiantes de la enseñanza Preuniversitaria. En algún momento de esta nueva fase para el local, habrá entre sus discípulos uno o dos con inquietudes artísticas, y el talento chocará contra la inmensa puerta de entrada, y quizás desistan de su interés por escalar una montaña que les fue negada.
Se acabó el Cuartel de Dragones, y nosotros estamos aquí, callados, viendo cómo se escapa por la chimenea, el último proyecto de cualquier artista en ciernes que aspira, como soñó René Portocarrero, a tocar el sol.